La luz del sol se filtra entre las hojas de la Higuerilla. Dicen que la planta nace "bajo los pies", y es precisamente allí, en lo que no vemos, donde comenzó esta historia.
Todo empezó con una ausencia. Una silla vacía, una puerta que no se abrió y el silencio de una hija que no regresó del trabajo. El padre, los cinco varones y la pequeña Irma se sumergieron en la marea de la preocupación. “¿Por qué no llega Clemita? ¿No me dará mi beso de buenas noches?”, preguntaba la menor, mientras la familia, unida y solidaria, buscaba respuestas en el vacío.
Lo que nadie imaginaba era el tránsito de María. Aquella mañana, tras recoger los himnos en la iglesia, ella trascendió hacia una DIMENSIÓN DE FUEGO. Un inframundo de desasosiego y agonía perpetua, donde el tiempo parece no existir y el sufrimiento no consume, sino que pesa.
LA BRISA DE LA COMPASIÓN
Allí, en lo más profundo, María Clema no se rindió al olvido. Aunque sentía el roce de la injusticia, su corazón reaccionó con la cualidad más Divina: LA COMPASIÓN.
"Notó que los más cercanos buscaban su cercanía; ella era como una suave brisa. Al tocar aquellos cuerpos lacerados, sus manos traspasaban las almas, aliviando conciencias y creando esperanza."
Agotada y extenuada, recordó la parábola, anheló el néctar y encontró en su interior una VACILANTE GOTA DE AGUA INCRUSTADA EN LUZ. A través de ese amor divino, fue subiendo eones tras eones, de regreso al barro, a la hierba, bajo la luna y el sol, para volver a FLORECER.
La historia de María Clema no termina en el fuego; se transforma en vibración pura. Te invito a cruzar este umbral hacia El Juego Divino, donde el alma y la ciencia se abrazan.
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