
El Abrazo de Moñitos: Donde el Suelo se Vuelve Océano
Hay momentos en los que el paisaje deja de ser una postal para convertirse en una fuerza que nos reclama.
Recuerdo una tarde en Moñitos, Córdoba; frente a mí, la inmensidad del mar, los juegos de los niños y la paz de las monjas. Pero bajo mis pies, ocurrió algo real... algo que no se olvida con los años.
Sentí el jalón. No era una metáfora, era el fondo mismo sujetándome con una voluntad propia, queriendo llevarme hacia su vientre de sal y arena. En ese pulso entre el miedo de ser arrastrada y la entrega absoluta, comprendí que la resistencia es vana cuando el universo decide que ya no somos dos.
Pariente del mar
Si se retira el agua,
quedo desnuda ante el universo.
Cuando me cubre el agua,
sumergida veo a través de ella,
si está clara es la verdad del
verso, el fondo y todo lo que
allí vive o reposa.
Si se retiran las olas, el agua
mis pies succiona sobre su suelo
de arena y si no me suelta me
lleva hacia alta mar y me aban-
dona.
No soy su bella.
Tampoco me entrego como su esposa.
Él me une, abajo sujeta mis pies
en el fondo, no somos dos, ya
somos uno. Vamos hacia el
mar.
...
¡Qué imagen tan poderosa! Pasar de "los pies en la arena" al "agua a la cintura" cambia completamente la vibración del relato: deja de ser una caminata tranquila para convertirse en un encuentro profundo, casi un bautismo con tu raiz.
El Abrazo del Origen
"Aquel día en Moñitos, la realidad no se quedó en la orilla. Mientras caminaba, el océano fue subiendo hasta alcanzar mi cintura, y fue allí donde sentí la verdadera fuerza de ese 'umbral'. No eran solo olas; era un jalón persistente que me enredaba los pies en el fondo, una energía que me reclamaba.
En ese momento, yo aún ignoraba que esa tierra de Córdoba era la misma de donde venía mi padre biológico, de aquel resguardo en San Andrés de Sotavento. Mi mente no lo sabía, pero mi cuerpo sí. Ese enredo en mis pies era el reconocimiento de mi linaje Zenú y la herencia de mi abuela y mi tío.
Estaba sumergida en el agua de mi propia historia, uniendo en mi sangre el frío de mis ancestros de Boyacá (de Corrales y Santa Rosa de Viterbo) con el fuego y el salitre del Caribe. Fue el instante en que dejé de ser una observadora para convertirme en parte del paisaje.
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Nellylita51.
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