
Viernes 8, 1995
Ayer, el caos de la autopista era un laberinto de polvo y ruido. En el momento más difícil, cuando el tiempo parecía detenerse entre volquetas y afán, apareció un ángel. Un señor me tomó de la mano, me guio a través de la locura y, tras ponerme a salvo, se desvaneció tan rápido como llegó. Así es el Juego Divino: el cosmos siempre provee la mano exacta en el instante preciso.
Iba caminando por una calle vacía, como del Samper Mendoza. En ese estado de mi Ser, que no era un sueño sino una presencia lúcida, mi gatito intentó acompañarme, pero le dije que no; él se devolvió entrando por el piso, como quien conoce los secretos del umbral. Yo no quería que me rotularan como "loca", solo deseaba transitar ese estado tan frecuente últimamente, donde la conciencia se expande antes de reconocer que el cuerpo físico sigue en la cama.
De pronto, me vi sentada en un bus. Alguien me habló con una amabilidad profunda desde la ventanilla. Al reconocerlo, el corazón me dio un vuelco de luz: —¡Papá, qué alegría! ¿Cómo pudiste?—.
Yo sabía que él ya no estaba en la materia, que venía del otro mundo, pero hablamos con una naturalidad asombrosa, sin un ápice de miedo. Me contó de una deuda en un pueblito vecino y luego, tan suavemente como llegó, desapareció. —Adiós papito, que te vaya bien—, le dije al viento, y él, que aún estaba cerca en esa frecuencia, me contestó.
Después, el escenario cambió. Subí y bajé unas escaleras sintiendo un zumbido extraño, una vibración que recorría mi Ser de forma distinta. En un cuarto pequeño de cemento, escuché las voces de los maestros. Aunque buscaba a Satyananda, mi Gurú, solo logré visualizarlo en mi mente, joven y radiante, haciendo un esfuerzo por darle forma a lo inefable.
Un pequeño golpe me trajo de vuelta. Abrí los ojos en mi cuarto. Mi boca estaba entreabierta y mi cuerpo sumergido en una relajación tan profunda que apenas podía moverme. Me quedé allí, habitando ese residuo del astral, entendiendo que no somos simples espectadores, sino arquitectos de una realidad que no termina en lo sólido.
La Calle del Astral
Salí al mundo de los sueños y allí estuve despierta. Observé una calle, estaba desierta. Mi gato brotó del suelo, quería acompañarme pero yo le dije nooo y se devolvió.
La Búsqueda
Tú eras mi Dios pero no estabas
y yo incansable te buscaba,
ni lejos ni cerca yo te hallaba,
ni en ellos ni en mí yo te encontraba.
Allí donde jamás yo investigaba,
allí donde nunca te escuchaba,
muy adentro de mí alguien cantaba,
eras Tú que por siempre ya me amabas.
Eras tú que a mi lado caminaba,
Y adentro de mí, tu voz ya resonaba,
si entonces tu luz, ya me llenaba,
¿porque seguía yo y nunca oraba?
con fuego mis labios, Él purificaba,
El agua de la vida bien los refrescaba,
como leche con la cual me amamantaba,
de adentro salió una paz que me inundaba.
Nellylita51 - Derechos reservados
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